Saúl trabajaba en el ayuntamiento cuando decidió que quería sacarle provecho a unas tierras que le daba su padre. Buscaba ampliar, tener otro proyecto, aprovechar mejor su tiempo. Miró varios tipos de granjas y al final se decidió por gallinas ponedoras. "Me amoldaba mucho a mí, a mi tiempo, al tiempo que yo tenía", explica. Tenía claro que sería ecológico desde el principio, sin dudarlo.
"Decidí que era ecológico porque a mí me gusta mucho el tema ecológico, la vida saludable y todo esto". Así nació Huevos Ecológicos Gazol, una marca que desde el inicio se diferenció con un enfoque de bienestar animal y certificación AMBA. Hoy es una empresa familiar, le echan una mano sus padres, y Saúl está de excedencia del ayuntamiento, dedicado completamente a la granja.
Lo que caracteriza su proyecto es la venta directa: toda la producción va al consumidor final, nada de supermercados, nada de intermediarios. "Así es más sostenible el producto porque no da tantas vueltas. Va directamente a quien lo consume y puedes acercarle el producto fresco directamente del granjero a su casa, con toda la frescura y calidad que tiene un producto sin pasar por intermediarios".
La granja está en Lanaja, un pueblo de la Comarca de los Monegros en Huesca. Le llaman a la zona el Desierto de los Monegros, pero es un nombre engañoso ya que tiene mucha biodiversidad (fauna, insectos, pájaros, muchas especies). Es una tierra rica. Muy rica, explica Saúl
Situada en la cara norte de la Sierra de Alcubierre, en zona de regadío, rodeada de campos de maíz, almendros, alfalfa. "Uno de los mejores vinos de Aragón" sale de allí, reconoce. El sector primario es motor económico: miles de hectáreas de grano, muchas granjas, tierra aprovechada. El entorno perfecto para una granja que apuesta por el bienestar animal y la producción ecológica, donde las gallinas tienen espacio para explorar, adaptarse al medio, vivir de otra manera.

Le pregunto qué le han enseñado las gallinas. La respuesta la tiene muy clara: "Lo primero, gracias a ellas puedo tener el estilo de vida que tengo".
Pero hay más. Las gallinas le enseñan a diario por su capacidad de adaptarse al medio; en días de lluvia salen a explorar y en los días de mucho calor se quedan dentro.
"Son unos animales que parecen tontos pero son muy listos. Son animales que a pesar de todas las trabas de la climatología, de problemas que puedan tener, te lo dan todo. Todos los días su huevo está allí puesto. Tú cuídame, tú dame buen pienso de calidad, ponme sombras, pero es como dame y recibirás".
Ese mecanismo le fascina: cada día un huevo, o cero coma ocho huevos si descansan. Un día pone, luego descansa. Y son animales curiosos, exploradores. "Son muy alcahuetas, todo lo encuentran, todo lo pican, todo lo exploran", dice riéndose.
Esa constancia, esa capacidad de dar a pesar de todo, es lo que marca la filosofía de trabajo de Saúl.
Saúl ha ampliado el proyecto: además de huevos ecológicos, ahora también produce caldo ecológico con las gallinas. Nueva línea de producto, mismo enfoque de calidad y venta directa.
El trabajo en la granja sigue el ritmo natural de los animales. Hace vacío sanitario cuando toca: quita gallinas viejas, pone nuevas, y durante ese mes deja temporalmente sin huevos a sus clientes. Es parte del proceso, del ciclo de una granja que prioriza la calidad sobre la producción continua. No hay atajos.
En una granja ecológica de verdad, son las gallinas las que marcan el ritmo, no el mercado. Cuando respetas los tiempos de los animales, el producto se defiende solo.

