Artesanía Alimentaria y Sostenibilidad: Acastrexa el proyecto que conquistó a la UNESCO desde Galicia

Escrito por
Equipo de pod
27/11/2025

En la Reserva de la Biosfera de Mariñas Coruñesas e Terras do Mandeo, Paula ha construido un proyecto que va mucho más allá de elaborar mermeladas y galletas artesanales.

Con dos premios UNESCO en materia medioambiental, múltiples certificaciones de sostenibilidad y el reconocimiento como primera empresa con el Sello de Calidad de Reservas de la Biosfera de España, su trabajo representa excelencia territorial.

Pero Paula libra otra batalla paralela, menos visible y más agotadora: que la reconozcan como empresaria, no solo como "la mujer que cocina con la cuchara de madera".

Seis premios que se evaporan frente a la cámara

Paula es la primera empresa gallega certificada en sostenibilidad integrada dentro de la industria agroalimentaria española, la sexta a nivel nacional en conseguirlo allá en 2017, cuando los 17 ODS comenzaban a sonar tímidamente. Posee doble certificación en sostenibilidad (gallega y española), el sello de artesanía alimentaria de Galicia (antes era clasificada como "industria" siendo ella sola), y es la única empresa a nivel internacional con dos premios UNESCO en materia medioambiental.

Además, ha desarrollado una bebida innovadora de frutas y flores con carbono natural, sin alcohol, que ostenta el récord de ser la más baja en azúcar de toda Europa y está doblemente certificada por las Reservas de la Biosfera.

Pero todo esto, todo este currículum impecable, se desvanece cuando llega el momento de la entrevista y quieren sacarla "trabajando en la cocina".

La batalla invisible: Empresaria vs "La que cocina"

Paula lo tiene claro: el verdadero reto está en que el trabajo artesanal femenino ha sido históricamente infravalorado. Y lo dice sin rodeos, desde la experiencia de hacer mercados de pueblo y ferias nacionales donde las consumidoras miran su producto y responden: "Eso también lo hago yo". Esta frase, aunque parece inofensiva, refleja cómo aún se subestima el valor y la dedicación que requiere el trabajo hecho a mano.

"Hacerlo hace cualquiera, lo difícil es venderlo y estar aquí. Cuando me viene una persona y me dice 'pues eso también lo hago yo', le digo: 'Ya, pero lo difícil es venderlo'. Eso no tiene mérito ninguno, no estoy haciendo nada del otro mundo, lo difícil es venderlo. A veces al consumidor hay que decirle: 'Jolín, no puedes menospreciar el trabajo'. Tú también lo sabes hacer, pues yo también sé rellenar papeles en una oficina, pero no te lo digo." - nos confiesa, claramente indignada

Cuando le proponen entrevistas y sesiones fotográficas, la dinámica se repite: si eres hombre, te fotografían en el despacho; si eres mujer, te meten a la cocina a dar vueltas con la cuchara. Paula se niega sistemáticamente. No porque cocinar no sea parte de su trabajo —lo es—, sino porque esa imagen invisibiliza todo lo demás: la gestión de redes sociales, la lucha con Hacienda y la Seguridad Social, la contabilidad, el manejo de bancos, el cumplimiento de normativas y legislaciones cada vez más complejas, la trazabilidad, la distribución, la logística.

"Primeramente, soy una mujer empresaria, y luego elaboro de manera artesanal una serie de productos que intento venderlos. Mi parte empresarial, que no ve nadie, es que yo tengo que manejar redes sociales, ir a los bancos, luchar con Hacienda, llevar una contabilidad. Y además tengo que cocinar. ¿Por qué solo me ponen que solo hago eso si realmente hago muchas más cosas?"

Una red que sostiene: Los auténticos héroes están más allá de la etiqueta

El proyecto de Paula no existiría sin su red de agricultores locales, quienes considera su "familia" y a quienes define como sus auténticos héroes. Todos, provenientes de la Reserva de la Biosfera, la mayoría certificados, todos con buenas prácticas. Paula no necesita sellos para confiar: va a sus huertas, ve su tierra, cómo cultivan.

Cuando ganó los premios UNESCO, lo primero que dijo fue: “Este premio es para todos mis agricultores”. Para ella, trabajar con alimentos artesanales es preservar la cultura, mantener los oficios tradicionales y visibilizar toda la cadena productiva, desde la semilla hasta el mercado.

Lo difícil es vender, lo gratificante es dar vida

Paula lo tiene claro: lo más difícil de su día a día es vender. Pero lo más gratificante es pensar en cómo su producto va a estar en la casa de alguien, va a ser el desayuno de una familia, un brindis porque les ha tocado la lotería, un regalo de cumpleaños o una caja de regalo.

"Para mí es lo más gratificante es pensar: tu producto no queda aquí, tu producto va a dar vida a otras cosas. Voy a estar en la casa de esas personas, voy a ser alimento. Voy a ser el regalo de alguien, pero no solo a mí me va a probar, va a probar el territorio entero."

Paula se siente totalmente afortunada: mujer, gallega, viviendo en una Reserva de la Biosfera. Los tiempos son diferentes en el mundo rural, puedes mirar el cielo con otros ojos, conectar con la naturaleza de otra manera.

Y su mayor logro no son los premios, sino que su proyecto sirva de guía o modelo para otras mujeres rurales. Recientemente, fue invitada a La Palma a I Jornadas Mujer Rural Emprendedora para el encuentro de mujeres rurales a contar su experiencia. Para ella, eso es el éxito total: que una comunidad se interese en tu proyecto para imitarlo.

"Las mujeres tienen que empezar a valorarse más a sí mismas, mirarse con otros ojos, reivindicar que no solo cocinan: gestionan, administran, luchan y construyen empresas completas."

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