Tomate La Huerta: cultivando sostenibilidad con sabor local.

Escrito por
Equipo de pod
24/10/2025

Un sueño que se hizo realidad: de la huerta a la mesa

Natalia, originaria de Madrid capital, no nació en un entorno rural ni tenía experiencia previa en el campo. Tras estudiar Magisterio y enfrentarse a una "crisis existencial", se dio cuenta de que no quería seguir la carrera tradicional que había elegido. Fue entonces cuando, hace diez años, Simón, ingeniero agrónomo -y ahora su socio -, le propuso emprender juntos en un proyecto agrícola.

Tomate La Huerta es el resultado de una pasión por la agricultura ecológica y el deseo de ofrecer alimentos que no solo sean saludables, sino que también fomenten un modelo de vida más cercano, ético y responsable con el medio ambiente.

Un poco a modo de "casualidad", como ella misma dice, Natalia decidió dar el salto al mundo rural, con lo que al principio parecía una apuesta arriesgada.

“Lo que más me atraía de este cambio era la posibilidad de tener un propósito claro, trabajar de forma coherente con mis valores y estar más conectada con la vida. Vivir en el medio rural me ha permitido estar más en contacto con la naturaleza y con lo que realmente me llena.” Esta conexión con la tierra ha sido uno de los principales motores de su proyecto, que tiene como objetivo mantener viva una tradición mientras se promueve la sostenibilidad y se ofrece al consumidor productos frescos y ecológicos, cultivados en el entorno de proximidad o kilómetro cero.

Los desafíos del emprendimiento rural: persistencia ante la adversidad

Como cualquier emprendimiento rural, Tomate La Huerta no ha estado exento de desafíos.

Emprender en el campo no es tarea fácil, especialmente cuando se trata de proyectos ecológicos que no solo buscan la rentabilidad económica, sino también el respeto por el medio ambiente.

Más allá de los desafíos típicos de ser emprendedora y gestionar un negocio, también ha tenido que enfrentarse a la dificultad de llevar un proyecto agroecológico en una región donde la agricultura industrial es el modelo predominante.

Y, además de ser productora, Natalia se ha visto obligada a aprender sobre contabilidad, marketing, logística y todo lo relacionado con la gestión empresarial.

“Lo que me costó más al principio fue darme cuenta de que no basta con cultivar. Hay que saber vender lo que produces, saber cómo gestionarlo y ser capaz de tomar decisiones difíciles para hacer el proyecto viable a largo plazo. Y, sobre todo, el ver que si todo esto no lo hacemos nosotros mismos, el proyecto no sigue adelante.”

Además, el sesgo de género también ha sido un reto para Natalia, al igual que otras productoras. En un mundo agrícola tradicionalmente dominado por hombres, Natalia tuvo que ganar el respeto y la confianza de clientes y proveedores.

“Es curioso cómo a veces el sector aún tiene prejuicios sobre las mujeres emprendedoras en el campo. Pero la verdad es que cada vez son más las mujeres que estamos haciendo lo que realmente nos apasiona”, señala Natalia.

La conexión local: kilómetro cero y comunidad cercana

Uno de los aspectos más gratificantes para Natalia es la conexión con su comunidad.

“Lo que más disfruto es ver cómo el consumidor se siente parte del proyecto. Sabe que lo que compra es local, es ecológico, y tiene un impacto positivo en el medio ambiente y en la economía local. Eso me da fuerzas para seguir cada día.”

El kilómetro cero y el consumo local son principios fundamentales en Tomate La Huerta. Natalia cree firmemente que el futuro de la alimentación pasa por consumir productos de cercanía, que reducen el impacto ambiental y fortalecen la economía local. Al vender directamente a sus consumidores, Natalia asegura que sus productos lleguen frescos, sin intermediarios, y con un precio justo para ambas partes.

Un futuro sostenible: creciendo sin perder la esencia

Después de diez años de trabajo, Natalia está orgullosa de lo que ha logrado.

“Mi mayor satisfacción es ver que el proyecto ha crecido, que vivimos de él y que hemos creado empleo para nuestra familia. Me gustaría que mi historia sirviera de inspiración para otras mujeres y jóvenes rurales que piensan que emprender en el campo no es posible.”

Aunque aún queda mucho camino por recorrer, Tomate La Huerta sigue creciendo de la mano de la sostenibilidad, el compromiso social y el consumo responsable.

Para Natalia, el proyecto no solo se trata de cultivar alimentos de huerta, sino de cambiar la forma en que entendemos el consumo y la relación con el entorno natural que nos rodea.

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