Agricultura ecológica en el País Vasco: de trabajar en televisión a cultivar por justicia social

Escrito por
Equipo de pod
26/1/2026

¿Para esto tantos estudios? Sí, para vivir con coherencia

lazne se crió en un caserío, pero su familia hacía autoconsumo como todos: nada profesional. Estudió, trabajó varios años en televisión.

Y un día decidió dejarlo todo para montar Bejondeizula, su proyecto de agricultura ecológica entre Gipuzkoa y Vizcaya. La reacción de su entorno cercano fue inmediata: "La vida pagándote los estudios para esto", sorprendidos ante tal "locura"

Entiende la preocupación porque el mundo rural siempre ha sido ridiculizado, desvalorizado. Lo moderno era la ciudad, el trabajo en oficina, salir del caserío. Pero Alazne venía de los movimientos sociales, la inquietud por un mundo más justo, la necesidad de coherencia. Y haciéndoles caso omiso, empezó el proyecto en 2014 con su compañero.

Hoy su entorno está feliz. Las cosas funcionan, y de cierta manera también ha servido para que sus padres valoren lo que siempre hicieron. "Para que ellos digan: como ves, esto era bueno. Mira, una hija con estudios universitarios, se está sacando la vida aquí".

Bejondeizula cultiva en invernaderos y al aire libre en Yurreta (Vizcaya), en el barrio de Rosqueta. También tienen una pequeña conservera en Oñati y un manzanal que pusieron hace cuatro años con variedades locales, aún sin entrar en plena producción. Hacen venta directa, tienen una tienda pequeña, trabajan solo con comercio local. Una filosofía que abarca todo.

Cuando las ideologías perfectas se encuentran con el surco real

Para Alazne, el campo no le aportó nuevas ideas sino que aterrizó las que ya tenía, llevándolas del papel a la práctica concreta.

"Creo que somos una generación que hemos leído de todo, sabemos un montón, la teoría la tenemos al dedillo, pero luego la práctica... Sabemos que el mundo globalizado está mal, pero todos vamos a comprar lo más barato al supermercado", reconoce sin filtros.

Su proyecto es justamente eso: intentar bajar al día a día esas ideologías tan perfectas en papel, sabiendo que el camino no es fácil.

No hacen "agricultura ecológica" solo por tener el sello certificado, lo hacen porque es lógico, porque lo que realmente les mueve es la justicia social más que la salud individual. Estar preocupados por "mi salud" está muy de moda ahora, reconoce, pero para ellos el enfoque es otro: tú estás aquí dentro de un todo y lo que hay que cuidar es ese todo, no solo tu cuerpo o tu bienestar aislado.

Llevan años luchando como cabezones sin que el proyecto fuera realmente rentable, porque el ensayo-error es necesario pero ahí es donde cae mucha gente que empieza supermotivada y a la primera dificultad económica se va. Para ella, hacen falta políticas públicas que acompañen estos procesos mientras aprendes, mientras encuentras la manera de que funcione sin morir en el intento.

Alazne no ve competencia, ve compañeros de trinchera

Le pregunto qué les hace diferentes de otros productores y su respuesta rompe completamente la lógica del marketing actual: "Creo que no estamos en un momento en el que hay que buscar qué nos hace diferentes. Al revés, hay que buscar qué nos hace más parecidos. Ya es suficientemente difícil vivir de esto". Es una declaración de principios que va contracorriente en un mundo obsesionado con la diferenciación de marca, con el nicho único, con destacar sobre la competencia.

Trabajan en red porque es la única manera de sostenerse: tienen una tienda junto a otros productores de la zona, algunos que ni siquiera trabajan en ecológico certificado, porque lo importante no es el sello sino la filosofía compartida. Buscan lo que les une —trabajar la tierra, la venta directa, el compromiso con lo local, el cuidado de la comunidad— e intentan que las características básicas estén presentes, pero no se cierran en purismo ni exclusiones. Están demasiado separados y fragmentados como para seguir buscando razones para distanciarse.

"La lógica es simple pero poderosa: si cada pequeño productor se empeña en ser único, en destacar sobre el otro, en competir por los mismos clientes con estrategias individuales, todos pierden. El mercado está dominado por grandes distribuidoras, por supermercados que pueden bajar precios hasta la asfixia, por una industria que tiene músculo económico y político. Frente a eso, la única opción real es la alianza, el tejido colectivo, la red que sostiene cuando uno falla."

Solos no se puede, unidos sí. Seguro que tienen alrededor gente que está haciéndolo, que lleva un poco más de experiencia. Que hablen, que no se desesperen, que se puede. Hay que luchar por lo que se cree, pero solos no se puede. Compartir es amar y vivir.

Su mensaje para quien esté empezando no podría ser más claro: buscar colectivo antes que nada. Hablar con quien lleva más tiempo en el camino, aprender de sus errores sin tener que repetirlos todos, no desesperarse ante las primeras dificultades económicas —que llegarán— y sobre todo no intentarlo en solitario creyendo que la fuerza individual será suficiente.

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